sábado, 1 de septiembre de 2012

Angry Birds


Los Angry Birds es algo con lo que no podría vivir. Son como algo que te ayuda a soltar estrés, como dice su prima Elena. Como las bolitas de plástico que salen en las series americanas que la protagonista acaba lanzándole al ex-novio celoso de la nueva vida que tiene. Lo que tiene la MTV. 

En esos momentos, se encontraba, no jugando a los Angry Birds, pero si rodeada de ellos: pantalones cortos vaqueros con tres chapas (una con un cerdo verde, otra con unos huevos dentro de una sartén y la última con el Angry Bird negro), una camiseta blanca con el Bird rojo y un gorro que le cubría la parte superior del flequillo con el nombre del juego, rodeado de todos los pájaros y los cerdos del juego. Su mochila tenía colgando de una cremallera unas chapitas en las que estaban dibujados todos los Birds, incluido el rosa y los cerdos disfrazados de los componentes de Green Day. En sus rodillas tenía su cuaderno de dibujo, en el que trazaba con cuidado la imagen que introducía al afamado juego de Rovio Inc. Los cerdos verdes asustados, tratando de llevarse los huevos, el Bird negro a la izquierda, el amarillo a la izquierda y el rojo en el medio, como si fuera a atestarle un golpe al jugador. Ella se sentía como el Angry Bird rojo: inútil a la hora de contar cualidades, pero el líder en cualquier ocasión, y siempre al mando de su grupo. 
Se miró a los pies. De las desgastadas y desechas Converse rojas y negras salían unos calcetines hasta la rodilla blancos y rojos a rayas. Era lo bueno de ser excéntrica, podías vestir como quisieras y te seguirían llamando eso, excéntrica. 
Siguió dibujando con rapidez al ritmo de The Ting Tings. Tal y como le había enseñado su padre cuando era una enana. "Mérida" le dijo "no se puede retratar la perfección. Pero puedes tratar de hacerlo. Recuerda, trazos seguros y cortos, pero sin crear una chapuza". Y ahora era la que  mejor dibujaba de su clase y de todo el instituto.  La profesora de Arte estaba encanta con ella.
De repente, sintió unos toquecitos en el hombro  derecho. Pegó un bote y tiró al  suelo el cuaderno, se le cayeron los cascos y las gafas se quedaron a tres centímetros de caérselas de la nariz.
-¿En qué no piensas cada vez que me pegas un susto Amanda? -preguntó Mérida. La chica fue a responderla, pero Mérida levantó un dedo mientras se agachaba para coger el cuaderno-. Exacto, en mis gafas.
-Lo siento -se disculpó su amiga colocando las manos en posición de disculpa-. Pero es que estabas a huevo. En tu mundo, dibujando, escuchando a ¿quién? -preguntó mientras se colocaba un casco en a oreja. The Ting Tings habían desaparecido, sustituidos por The Beatles con su Ticket To Ride-. Dios Mérida, ¿en serio? ¿Los Beatles? 
Mérida no contestó. Sabía que perdería la discusión en cuanto el resto de sus amigos. Había tratado por todos los medios posibles que a sus amigos les gustaran los Beatles o al menos Arcade Fire, que eran más moderno. Pero no había manera. Ni si quiera Alejandro le había dado la razón en este tema, sólo Marcus, pero porque a él le gustaba Muse.
-Me siguen gustando -contestó la chica a su amiga con dureza. Una dureza que su amiga se la tomó a broma.
-¡Lo sé! -exclamó mientras la abrazaba.
"Y eso es algo que me encanta de ti"dijo una vocecilla en su cabeza. Su amiga repitió las palabras

No hay comentarios:

Publicar un comentario