sábado, 1 de septiembre de 2012

Parejas


Los labios de Clara eran suaves, dulces y delicados. Muy femeninos. Y eso era lo que le gustaba de ella, que era femenina. Hombre, Amanda también lo era, pero lo suyo era un estilo más seductor y Mérida... Mérida era Mérida. Especial en todos los sentidos. Era como una hermana para ella.Y él para ella era un hermano. Jamás la vería como una pareja, aunque muchos pensaban que eran novios por el mucho tiempo que pasaban juntos, gracias al equipo de salvamento. Incluso Clara llegó a estar celosa de ella, pero Mérida consiguió convencerla de que no había nada entre ellos dos. Ahora Clara era su mundo. Bajó despacio una de las manos que tenía en la espalda de su novia y le levantó ligeramente la camiseta para acariciarle la espalada.
Clara se estremeció al contacto de la mano de su novio en la piel. Sentía las manos de Marcus en la espalda, una le acariciaba el pelo y otra... Bueno, otra juegeteaba con la parte superior de su culotte. Entre beso y beso sonrió. ¿Quién lo iba a pensar? El tío bueno de clase, con ella. ¡Ella! La chica de la risa tonta, el pecho plano y pinta de niña pequeña. Pero se ve que los milagros existían. A ella Marcus le había gustado desde el principio de curso. Del año pasado, en tercero. Mérida lo presentó al grupo. Pensó al principio que era su novio, pero en realidad era su mejor amigo. Les había hablado de él alguna vez, pero ella no se esperaba que estuviera TAN bueno. Y lo mejor de todo, él fue quién le pidió salir a ella y no al revés. Era algo mágico y muy especial.

Marcus la cogió por los muslos y la sentó en los lavabos. Clara se sorprendió ante el movimiento de su novio, pero le sonrió con una mirada seductora.
-Hoy estás lanzado -comentó entre beso y beso.
-¿Por qué será? -pregunto con una sonrisa antes de besarla en el cuello.
Clara gimió de placer. Marcus la hacía sentir especial y todo eso, pero en estos momentos, de pasión, lujuria y descontrol, no podía dejar de pensar en lo mismo: Marcus era suyo, y nadie se lo podía quitar.
Clara le levantó la camiseta y acarició con la punta de los dedos los perfectos abdominales esculpidos en su torso. Marcus se estremeció de placer y la volvió a besar, esta vez con pasión, levantándole la camiseta, dejando ver un sujetador blanco de la talla noventa. Clara se alarmó al ver que su chico se quedaba petrificado. Ya le había comentado un par de veces que tenía una talla pequeña, pero él le haba dicho que no le importaba. Ella ya estaba esprando la estúpida reacción de "no tienes mucho", pero en vez de eso, Marcus se inclinó y la besó entre los pechos. Clara sintió que el placer se apoderaba de ella a cada beso que el chico le daba, desde el escote hasta el abdomen. ¿Cómo era posible que un chico la hiciera sentir así de especial?
-Me encantas pequeña -le dijo al oído.
Sin saber qué hacer o qué decir, Clara se quedó pasamada mientras Marcus le besaba en el cuello hasta llegar al lóbulo de la oreja, que se lo mordisqueó suavemente, haciendo que a Clara se le escapara otro gemido. Ella salió de su congelación, y le besó de nuevo en los labios, aferrándose a él con las piernas alrededor de su torso, disfrutando de ese sabor tan indefinido que él tenía. Se dispuso a arrancarle la camiseta al chico, pero su móvil sonó con el tema de The Beatles, Lucy InThe Sky With Diamonds, la canción que le había puesto al número de Mérida
Marcus separó sus labios de los de Clara, molesto. Ella también resopló, enfadada. Los chicos sabían que las mañanas eran de Marcus y de ella, y les había dejado bien claro que no les llamaran.
-¿Qué querrá ahora? -murmuró enfadada Clara. Mérida era su mejor amiga, pero en estos momentos no estaba para conversaciones. Para unos minutos que tenía con Marcus...
Miró el móvil, y vio que no era una llamada, sino un mensaje. Lo leyó dos veces para estar segura y le dirigió una mirada alarmada a Marcus.
-¿Qué? -preguntó preocupado el chico.
-¡Viene alguien! -exclamó alarmada.
Clara y él se bajaron su respectivas camisetas y se escondieron en el último cubículo, en el que se leía en la puerta "FUERA DE SERVICIO".
Clara puso el móvil en silencio y le mandó un WhatsApp a Mérida.
'¿Empleada o Alumno?'
'Un tío, Antonio, el hermano del novio de Sandra'
Clara suspiró tranquila. Pero luego se mosqueó. Habían interrumpido su momento especial, como Marcus lo llamaba, por una tontería. ¡Estaban en el lavabo de tías!
-¿Qué dice? -preguntó Marcus en voz baja, temiendo que los pillaran.
-Es un tío -contestó Clara molesta.
Marcus soltó un taco.
-Lo sé cariño, pero creo que deberíamos subir, ya casi son y cuarto y ya sabes lo que pasa.
A y cuarto llegaba el bus, y el baño se llenaría de adolescentes pijas de primero que para lo único que usaban el lavabo era para maquillarse.
Salieron del cubículo. Marcus se colgó su mochila al hombro y se apoyó en la puerta mientras Clara cogía del bolsillo pequeño de su bolsa un cepillo de madera y se lo pasó por su pelo rubio cobrizo.
Marcus se quedó mirándola. Cuando se peinaba el pelo veía una concentración en ella inhumana, pero le gustaba. Le encantaba acariciarle la melena de pelo liso y fino que tenía. La miró de arriba a abajo. Llevaba, como siempre, ropa sencilla pero que a ella le quedaba bien: Una camiseta blanca con un rótulo verde en el que se leía "Vive Le Printemps", unas manoletinas del mismo color que el rótulo y unos vaqueros largos. Esos vaqueros le sentaban tan bien... Le hacían un culo estupendo. Había mejorado mucho en un año.
Clara se estiró la camiseta y guardó el cepillo en el neceser. Se agachó para coger la mochila y sintió dos manos en su trasero.
-Joder, si que tienes ganas hoy -dijo mientras sonreía. Cogió el asa de su mochila negra y se dio la vuelta para darle un beso en los labios. 
Marcus sintió el dulce sabor de Clara en sus labios. La pegó aun más a él, agarrándola por su perfecto culo. Dios, le encantaba esa chica. Era perfecta en todos y cada uno de los aspecto. Y dijera ella lo que dijera, le importaba un bledo el pecho que tuviera. Para él era perfecta.

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