domingo, 2 de septiembre de 2012

Secretos

Alejandro miró el reloj. Joder, si al final lo iba a conseguir el muy cabrón. Tres, dos, uno. Bip.
-Muy bien, tu ganas -dijo molesto mientras sacaba la cartera.
Juan soltó todo el aire se sus pulmones. Que era poco. Había aguantado la respiración durante dos minutos, y había ganado diez euros. A lo mejor se lo podía gastar en algún detalle para Mérida o algo así... Ya pensaría. 
-Apoquina tío -dijo sonriente mientras le tendía la mano a Alejandro. Debería haber apostado más, pero el chico se habría olido que podía aguantar y habría cocelado la apuesta.
-No volveré a apostar contigo -mustió Alejandro-. Sólo te falta meterte el puño en la boca y ya tienes el cupo completo de rarezas.
Juan sonrió mientras abría la boca y se metía la mano al completo dentro de su boca.
-Puaj -Alejandro le cogió de la muñeca y le sacó el puño de la boca-. Rectifico: Tienes el cupo completo de rarezas.
Juan sonrió satisfecho. El día no podía empezar mejor: Había ganado diez euros e iba a ir a cine con Mérida. Cada vez que escuchaba su nombre le recorría un escalofrío. Mérida... Sonaba como el nombre de un viento, parecido a Céfiro. Muy místico y griego. Le encantaba todo en ella :Su pelo largo, castaño, con ligeros rizos en las puntas, el flequillo que no hacía más que apartarse de la cara, las gafas, vintage, enormes, como un marco negro que encerraba la obra de arte que eran sus ojos, marrones por fuera y verdes por dentro, su sonrisa, su sentido del humor, su excéntrico estilo, sus gustos, cómo hablaba, el liderazgo que tenía en el grupo... 
-¡Juan! 
Pegó un bote en el escalón de la entrada. Mierda, de nuevo la ensoñación.
-¿Si? -mustió soriente.
-Decía -empezó el chico de nuevo, mirando sorprendido a su amigo-, qué que peli prefieres. Las chicas quieren ir a ver Brave. Marcus y yo preferimos Ted.
-¿Brave? -preguntó Juan entre risas-. ¿La protagonista no se llama...?
-Mérida, exacto. Pero no se parece nada a la nuestra -hizo una pausa para mirar el reloj. Dos minutos y serían y cuarto-. ¿Qué dices?
-Mérida tiene derecho a ver a su tocaya en acción ¿no? -y dicho esto, se colgó la mochila al hombro y con una sonrisita en la cara se dirigió al interior.
-¡No me jodas tío! -exclamó Alejandro mientras seguí a su amigo-. ¿Brave? ¿Porque tú estes colado por Mérida tienes que apoyarla en todo lo que dice?
Juan le dirigió una mirad alarmada y le tapó la boca.
-¿Qué haces? -le dijo enfadado entre dientes-. Tenemos un trato: Tu no dices que me gusta Mérida y yo guardo tu secreto, ¿recuerdas?
Alejando se quitó la mano de Juan de la boca y asintió lentamente.
-Bien -se recolocó la camisa y se dirigió arriba. Allí estarían Amanda y Mérida, y tal vez Marcus y Clara, si es que habían parado de morrearse en el baño.
Alejandro vio a su amigo alejarse. La próxima vez tendría que anderse con suidado si no quwería que su secreto saliera a la luz.

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