viernes, 9 de noviembre de 2012

Clases de Música. Parte II

Después de Orquesta y de acabar con su capacidad pulmonar casi al completo, lo que necesitaba era un descanso. Tirada en uno de los sofás que supuestamente estaban reservados para los padres, Mérida cabezeaba ligeramente, marcando el ritmo con el pie, cantando en playback. Los cascos blancos de su viejo iPod estaban pegados en sus orejas, mientras reproducían "As If We Never Said Goodbye", la versión de Barbara Streisand.
The wisper conversations, in overcrowed hallways.
Le encantaba esa canción, y aunque la original de Sunset Boulevard era maravillosa, la de Barbara la dejaba sin respiración. También le gustaba la versión de Glee, pero como a Rachel, Barbara era su ídolo.
-¿Qué escuchas? 
Mérida dejó de vocalizar y, abochornada (no le gustaba que la pillaran en mitad de sesión playback), se quitó uno de los cascos mientras Barbara cantaba "The magic in the making".
-A Barbara -contestó Mérida con una sonrisa, mientras se levantaba y abrazaba a su amiga.
Giulia no había cambiado nada. Tal vez estuviera un poco más morena, pero, como a ella, el color blanco vampírico perduraba a pesar de las toneladas de horas de sol que ambas tomaban.
La chica sonrió a Mérida.
-¡Eh! Te han quitado el aparato -exclamó, al darse cuenta de que los hierros habían desaparecido.
-Si -asintió la chica, con otra sonrisa radiante-. ¡Por fin soy libre! -canturreó.
Mérida rió. Giulia era especial para ella. Leía, eso era lo más importante, que leía libros. Muchos. Y casi todos los mismo que Mérida.
-Estas muy guapa -era verdad. Sus rizos caoba contrastaban a la perfección con la piel blanca que tenía, y la sonrisa, aún más blanca que la piel, le daba un aspecto impresionante. Sólo le faltaban dos lazos azules a juego con sus ojos y pasaría por una muñeca de porcelana
-Desde que te pasaron como solista en Orquesta, te echamos demenos en el coro.
-Bah, no os perdéis nada -dijo Mérida, restándole importancia al asunto-. Simplemente espero a que Celeste acabe de gritar a las flautas y luego canto un poco al ritmo de todos. Lo mejor es que si me retraso un poquito, la profesora echa la culpa a la orquesta.
-Pero que mala eres -dijo su amiga riéndose.
Desde arriba, en la segunda planta, Hugo observaba a las dos chicas reírse. No le había afectado mucho la bronca que le había echado la profesora, cosa que le había cabreado aún más. ¿Consecuencia? Había perdido su título de virtuoso para Celeste. Bueno, había merecido la pena. Gracias a Dios, la clase había terminado y tuvo tiempo de escaquearse por la puerta con el violín y el arco en una mano, la funda y el atril en otra y las partituras en la boca. 
¿Por qué siempre le ocurría lo mismo? Mérida no era la ni la mitad de guapa que Kerstin, su ex en Noruega ni estaba tan buena como Tamara, la chica que hace poco le había pedido salir. Él le dijo que se lo pensaría, con una ancha sonrisa en sus labios, para no dejarla mal sabor. Solo lo hizo porque dudaba gracias a Mérida. ¿Qué tenía esa chica de especial, que tanto lo encandilaba? No sabía la respuesta.
-Venga, hacemos un dueto, como antes de que me arrastraran al aburrido mundo de Orquesta -oyó decir a Mérida.
Giulia dejó que su amiga le colocara uno de los cascos, y Mérida fue pasando canciones hasta que Giulia la paró.
-¡Esta es perfecta!
Hugo las empezó a escuchar. Giulia empezó, con una bonita voz suave, perfecta para alguien como ella, pero pasadas unas cuantas líneas, la voz de Mérida la eclipsó. Maravillosa, mejor aún que cuando cantaba "Carmen". Mucho mejor.
-Now you're just somebody that I used to know -cantaron las dos a coro.
Lo hacían realmente bien. Por un momento, Hugo pensó escuchar la música de la canción, a tempo con las dos chicas.
-¡Sombody! -entonó Giulia
-I used to know -contestó Mérida.
La canción acabó. Y Hugo se encontró a sí mismo aplaudiendolas.
Giulia y Mérida miraron hacia arriba. Hugo las miraba con una sonrisa mientras aplaudía. Ambas se miraron, sonrieron e hicieron una reverencia.
-Oye, yo creo que le molas -le dijo Giulia a Mérida cuando Hugo hubo desaparecido.
-¡Si anda! Yo creo que le molas tú -la contradijo riéndo.
-¡Venga ya! ¿Tu has visto cómo te mira? Y además, tienes dos buenas razones para gustarle más que yo.
-Haber cuáles.
-Estas dos -dijo Giulia mientras señalaba a los pechos de Mérida.
Esta se rió. Pero lo pensó por un momento. ¿Realmente le gustaría a Hugo? De alguna forma, eso explicaba las miradas y las sonrisas en Orquesta, por qué siempre estaba cinco minutos antes que todos para sentarse a su lado. Por que se había parado mientras cantaba la Habanera.
-Uhh, lo estás pensándo -dijo Giulia con una sonrisa mientras la señalaba-. ¡te lo estás pensando! ¿Ha pasado algo que no me hayas contado?
-Bueno -vaciló Mérida.
-¡Cuenta, cuenta, cuenta! -exclamó Giulia mientras se sentaba en el sofá.
Y se lo contó todo. Las miradas, las sonrisas, los gestos que tenía hacia ella, cómo se había quedado congelado mientras cantaba Habanera.
-Y además -añadió recordando-. Cada vez que me mira, es como si no existiera otra cosa, como si sólo estuviese yo.

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